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martes, 21 de mayo de 2013

BARTOLI versus CALLAS - NORMA - UNA COMPARACIÓN IMPOSIBLE


No me gusta acudir al formato de la crítica cuando ésta está destinada a desmontar un producto que, como el expuesto, parecía destinado a abrir una nueva puerta en la interpretación de una gran ópera del repertorio, pero es que esta vez Cecilia Bartoli y su equipo han superado todas las barreras, ya no de la tradición, sino del sentido común. 

Entiendo que no sea adecuado reflejarse en espejos del pasado a la hora de asumir un rol nuevo pero en este caso, la comparación resulta inevitable cuando nos enfrentamos a una Opera que ya ha disfrutado de interpretaciones que podríamos calificar como "Definitivas". Es posible que algunos oídos "vírgenes" (si es que existen), que desconozcan la obra en versiones más clásicas, puedan encontrar este acercamiento interesante. Yo mismo lo he esperado con ilusión habida cuenta de que casi todos los proyectos publicados últimamente por la Bartoli han tenido una calidad indudable.

No hace mucho Cecilia Bartoli se puso a la cabeza de un proyecto menos publicitado pero que, para bien,  supero todas las expectativas, La Sonnambula belliniana en la versión reescrita por el compositor para María Malibrán, es decir, una voz más cercana a lo que hoy en día conocemos como Mezzosoprano que a la habitual versión para Soprano Dramática de Coloratura. Es aquella partitura que conviene a la voz de la mezzosoprano romana por el caracter ensoñador de la protagonista que se plasma en una colección de cantinelas para las que las voz de la Bartoli está mas que de sobra capacitada. El acompañamiento de voces tan destacadas como las de Juan Diego Florez, Ildebrando D´Arcángelo y Gemma Bertagnolli que siguen a la diva romana con la misma pasión y entrega convirtió la versión en una referencia indiscutible, distinta, pero igualmente válida. 

Imagino que animada por el resultado, así como por la buena acogida de su ensoñadora versión de la cavatina "Casta Diva" en el imprescindible album "María" dedicado al repertorio de la gran Malibran, nuestra diva se embarca ahora en un proyecto ambicioso pasando de un velero de recreo a un navío de combate como quien no quiere la cosa.

Bueno, analicemos (mas bien critiquemos en su peor acepción) por puntos:
  • La Orquesta La Scintilla? pues estupenda señores, con una sonoridad maravillosa pero, dirigida por quien? Por Giovanni Antonini? Nos hemos saltado un siglo así, como si nada? Esto no es el Barroco y los contrastes dinámicos pueden no ser tan bien bienvenidos en una obra que exuda romanticismo por todos los costados. La concepción de la obra no es unitaria y los cambios de velocidad resultan tan arbitrarios como inconvenientes. La exposición sincopada de muchas de las partes de la obra producen en el oyente una sensación de apresuramiento que no casa con la mayoría de las partes de una obra formada en su mayor parte por cantábiles ya sean estos arias, duos o conjuntos. En algunos momentos podemos pensar que estamos ante una orquesta de feria de esas que todos definimos como "chunda chunda". Por más que busquemos no encontramos el típico arrobo lírico belliniano por ningún lado.
  • Realmente Norma necesita tanta limpieza como para restaurar su versión primigenia y eliminar los añadidos de la tradición? Pues a todas luces, no. Que cambios notamos respecto a versiones tradiciones? Pues algún acorde aquí y allá, alguna apoyatura y filigrana vocal depurada, restaurada o inventada y... poco más destacable. La reposición de las cadencias originales de las distintas piezas de la obra se muestra claramente inconveniente con esas subidas y bajadas repetidas que, además, son expuestas con una rapidez desmesurada. (Recordemos aquí que Montserrat Caballé allá por los años 60 grabó su única versión en estudio malograda por esas mismas cadencias absurdas que ella misma critico tiempo después).
  • Sumi Jo en el papel de Adalgisa? A priori atractivo, pero, realmente la que canta es ella? No hay forma de reconocer el timbre de la soprano surcoreana que, sin ser de una calidad destacable, ha sabido encontrar su lugar en el mundo de la lírica pese a ciertos errores estilísticos y una voz de pequeño formato pero probadamente dotada para la coloratura. Devolver a Adalgisa a la vocalidad de soprano resulta de lo más coherente con la idea inicial del autor y ya existían intentos anteriores como el realizado por Montserrat Caballé en la segunda versión grabada por una vetusta (por no decir anciana) Joan Sutherland y la de Eva Mei en la encorsetada y sobrevalorada versión de Riccardo Muti con Jean Eaglen en el rol titular. No podíamos haberle pedido a Nino Machzaide que asumiera este rol? A no, claro, que no es la protagonista y se nos come la grabación (y eso que no es que sea precisamente objeto de mi devoción)
  • John Osborn en el papel de Pollione? Pues animado por la reciente versión de la rossiniana Guillaume Tell dirigida por Pappano me parecía una opción nada despreciable, sin embargo, que le ha pasado? Tiene miedo? Algo a su alrededor le asustaba? Su canto tremolante está totalmente fuera de lugar, muy lejos del heroísmo de la escritura original del papel. Seguro que todos estamos de acuerdo que tenores del corte de Franco Corelli exceden en demasía esta heroicidad hasta puntos que podríamos denominar de "chulescos" pero ¿Es que Pollione no es realmente un chulo? Pues un poco más de arrojo no estaría de mas. Luciano Pavarotti, al menos, resultaba insolente por su desmedida enjundia vocal y el brillo del esmalte de su voz. Juan Diego Florez estaba de vacaciones cuando se grabó esta versión o la desestimó por no considerarla adecuada? Si no es la voz ideal para el papel, al menos le habría aportado la dosis adecuada de heroísmo e insolencia vocal.

  • Como todo no podía ser malo, Michele Pertusi presenta un color vocal y una intención adecuada al personaje pese a que los excesos de la dirección le obligan a echar más de una carrera que no conviene a su instrumento. Teniendo en cuenta que la opción general elegida es la de la levedad de las voces participantes, Pertusi nos parece el cuarto vértice ideal (sin tirar cohetes).
Y para el final nuestra diva, la excelsa Cecilia Bartoli, esa gran mezzosoprano romana que empezó su carrera con tintes de contralto y que ha sabido educar su voz hasta convertirla en un referente indiscutible del buen gusto y el buen hacer musical pese a todos sus excesos, que no son pocos.

El rol de Norma es posiblemente uno de los más difíciles del repertorio para soprano, sea esta dramática, lírica, de coloratura o varias a la vez (lo cual es lo más recomendable). Anticipandose a  Violeta Valery (La Traviata) Norma necesita una voz multifuncional capaz de los mayores dramatismos, los excesos más líricos o la coloratura más endiablada. Lilli Lehmann sugería que era más dificil cantar Norma que las tres Brunhildas wagnerianas juntas. A lo largo de la historía se han acercado al papel sopranos de toda condición y pelaje, desde las más dramáticas Gina Cigna, Claudia Muzio, Rosa Ponselle, Jane Eaglen (dura, angulosa y carente de graves) y Gwyneth Jones (esforzada), a líricas del calibre de Montserrat Caballé (una de las mas completas interpretes del papel), Katia Ricciarelli (Uff) y Daniela Desi (apuradísima), lírico ligeras como Beverly Sills (demasiado ligera), June Anderson (bastante insípida), Joan Sutherland (otra gran referencia por técnica, entrega y pasión, aunque no por color vocal) y Edita Gruberova (en exceso mecánica), así como alguna mezzo esforzada como Shirley Verret (realmente era una mezzo?) o Grace Bumbry (Bartoli no es la primera mezzo que se atreve con semejante papel) y voces mixtas como la de la gran Renata Scotto que condujo el papel por la senda de La Callas.

Y María Callas? Como olvidarla! Sin duda la más completa a la hora de presentarnos a la Sacerdotisa amante, amiga, hija y madre, toda una panoplia de sentimientos que ella sabía reflejar como nadie ha sabido ni puede, y todo eso pese a las deficiencias de su voz, variaciones de color, calados de todo tipo e inseguridades en el canto. La identificación cantante/papel era tan completa que oyéndola te olvidas de cualquier otra consideración y te lanzas a sufrir y amar con la misma intensidad que ella trasluce en su canto. Sus explosiones de furor son antológicas, su alegría exultante desborda en el segundo dúo con Adalgisa, sus amenazas a Pollione sobrecogen sus ruegos en el concertante final resultan dolorosos en extremo.

Con estas precursoras y algunas de sus contemporáneas se enfrenta Bartoli en esta nueva aventura. 

Desde luego tenemos balance positivo, algunas de sus frases son de antología (precisamente aquellas en las que más se refleja la tradición del papel). Especialmente dotada para el canto estático, afronta las cantinelas bellinianas con un saber hacer que nos llega a poner los pelos de punta añadiendo algunos "abellimenti" que parecen muy oportunos y que refrescan la interpretación por su carácter novedoso.

Pero..., porque hay un pero (mejor dicho muchos), el papel no aparece lo suficientemente madurado. Los recitativos son imprecisos y, en ocasiones, demasiado duros, abusando de una declamación más propia del barroco que del romanticismo. El abuso de las medias voces y de reguladores no del todo bien colocados lastra en ocasiones el dramatismo de la acción. A pesar de una voz tan dotada como la suya pero a la vez tan pequeña, no puede alcanzar la autentica dimensión de un personaje tan complejo ni aunque lo intente. Bartoli está sobradamente capacitada para el barroco y algunas partes del repertorio romántico pero, y esto no es una crítica, se encuentra más cómoda en roles cómicos y líricos que dramáticos.

Uno de los momentos clave de la obra, el dúo del segundo acto entre Norma y Pollione hace aguas por todas partes. Argumentalmente es el momento culminante en el que se enturbia la razón de la protagonista hasta precipitar los acontecimientos pasando de la seguridad a la amenaza con todos los matices posibles. De igual forma Pollione pasa por varios estados de ánimo desde la chulería a la súplica. Bartoli y Osborn se muestran totalmente alejados del drama, y el dúo comienza casi como una conversación incocua, casi susurrada, y solo la coloratura nos sugiere algo del drama que se está desarrollando. Para colmo, el remate de la cadencia termina por eliminar cualquier tensión que pudiera haber cerrando el número de forma abrupta. Lo mejor es escucharlo y, con el segundo ejemplo, compararlo con la versión Callas / del Mónaco en 1955.

En cualquier caso, una batuta más relajada le hubiera aportado un campo más fértil para ser abonado por su arte. A menudo se atropella en las coloraturas que no son medidas de forma equilibrada presentando cambios de color y duración discutibles que nos terminan sonando a cacareo.

La presentación del producto, como viene siendo habitual en el Merchandaising Bartoli, es impecable, salvo que la foto de la portada con la romana partiéndose la camisa resulta totalmente inadecuada y mas propia de un recital de "Flamenco Fussion". La alopecia de la portada de su último disco tampoco es que resultara favorecedora. Sigo pensando que el arte de hacer portadas es una especie extinguida que busca más el impacto que la belleza.

Pese a los ejemplos musicales expuestos a lo largo de todo el texto no voy a ofrecer aquí la grabación completa, mejor será comprarla, pero si que aprovecho para dejar otra versión de referencia: el 7 de diciembre de 1955, en la inauguración de la temporada de La Scala, María Callas canta una de sus mejores prestaciones en el papel titular en el que está considerado el mejor año de su carrera artística. Acompañada por unos inconmensurables Mario del Mónaco, Giulietta Simionatto y Nicola Zaccaria y un inspirado Antonino Votto, la diva ofrece uno de los retratos más completos de la desventurada sacerdotisa druida por encima de las prestaciones realizadas en sus dos grabaciones en estudio y otras muchas "live".

De sobra es conocido que la Callas se autoalimentaba con el reto escénico donde ofrecía sus interpretaciones más memorables arrastrando con su fuego al resto de sus compañeros de reparto, por mediocres que estos pudieran ser.

Alentada por el devenir de la representación se atreve incluso con el sobreagudo que cierra el primer acto y que pocas veces llegó a dar (ni siquiera en las grabaciones de estudio de la obra) lo que produce un efecto electrizante que se refleja en el paroxismo del público que aplaude y vocifera a partes iguales.

Por desgracia la grabación de la velada quedó incompleta y las tres primeras pistas están tomadas de una representación realizada 10 años después por los mismos interpretes (Nicola Zaccaría y Mario del Mónaco) pero distinto director (Gianandrea Gavazzeni). Parte de la pista 16 ha tenido que ser completada con una representación del mismo año 1955 de Mario del Mónaco bajo la dirección de Tullio Serafín. De todas formas, la unidad  estilista no se resiente y nos permite tener una visión completa de la obra realizada con los parámetros de la época.

Si como dice la publicidad de la  Norma de Cecilia Bartoli, estamos ante una Nueva Visión, con sinceridad, llamenmé antiguo, pero me quedo con la tradicional (por utilizar un adjetivo que dicho aquí me suena hasta peyorativo). La era digital no ha sido generosa con una de las Operas más hermosas de su autor y una de las mas emotivas de todo el género.

Desde luego todas las opiniones aquí vertidas son mías y pido disculpas a todos las seguidores de la Mezzo Romana (entre los cuales me encuentro). Al fin y al cabo esto es un Blog personal y solo he expresado mi decepción ante una grabación de la que, sinceramente, creo que se podía esperar mucho más.

Disfruten de La Callas y no dejen de comprar la Norma de Bartoli, al fin y al cabo, calidad no le falta, y, para gustos, versiones. (o era colores?)


viernes, 3 de mayo de 2013

ANNA MOFFO - ARIAS DE COLORATURA


Apodada con el sobrenombre de "La bellissima", Anna Moffo desarrolló una carrera irregular entre 1955, año de su presentación como Norina en Don Pasquale (Donizetti) en Spoleto, y 1974 en el que se aleja de los escenarios por agotamiento físico manteniendo hasta 1983 una actividad esporádica.

Artista polifacética, es protagonista de incipientes producciones operísticas filmadas llegando incluso al cine en el que protagoniza algunas películas de dudoso gusto semipornográfico. 

Nacida en Pensilvania en 1932, hija de padres italianos, tras terminar sus estudios recibe una oferta para trabajar en Hollywood que rechaza por su intención de convertirse en monja. Una beca la lleva a realizar sus estudios musicales que inicia en Filadelfia y termina en el Conservatorio de Santa Cecilia de Roma en 1955.

Una producción televisada de Madama Butterfly (Puccini) producida por la RAI en 1956 consolida su fama en Italia. A ella seguirán nuevas producciones televisivas de enorme éxito (Falstaff, La Sonnambula) que, vistas hoy, nos sonrojan por su ingenuidad y estética naif.


Los primeros años de su carrera, vistos desde la perspectiva del tiempo, son, sin duda, los mejores. Testimonio de ello son las grabaciones discográficas realizadas para la EMI en los ultimos años de la década de los 50: la Susana de Le Nozze di Figaro (Mozart), Nannetta en el Falstaff (Verdi), Mussetta en La Boheme (Puccini) y la cantante italiana del Capriccio (Strauss) junto a compañeros de la talla de Elisabeth Schwarzkopf, Nicolai Gedda, María Callas y Giuseppe Di Stéfano, entre otros, y directores como Carlo María Giulinni, Herbert von Karajan y Wolfganf Sawallisch.
  

A partir de 1960 se produce un punto de inflexión en su carrera determinado por la vuelta a Estados Unidos y la firma de un contrato de exclusividad con la casa discográfica RCA para la que grabará sus principales papeles dejando algunas grabaciones de referencia entre las que destaca su esforzado retrato de Luisa Miller (Verdi) junto a Carlo Bergonzi y una curiosa primera grabación mundial de La Rondine (Puccini). Durante esta década hará su presentación en los principales escenarios europeos y americanos con especial atención a Italia, país con el que mantiene una especial relación que la lleva a tener su propio programa de televisión.

Su acercamiento a la Operetta, de la que ha dejado grabaciones tanto en disco como en vídeo  la hizo muy popular durante esta época de cu carrera en los países del ámbito germánico.

Los años 70 suponen un giro hacia papeles más dramáticos, manifestando graves problemas vocales que la llevan a distanciarse de los escenarios a los que ya no volverá salvo de forma puntual.

En resumen, estamos hablando de una carrera que en su plenitud solo dura 15 años (1955 - 1970) a partir de los cuales los problemas vocales se harán evidentes y se acentuarán los defectos de una voz sometida a una presión excesiva por la acumulación de papeles demasiado exigentes.

En los inicios de su carrera graba para la EMI dos recitales de arias, el primero de ellos dedicado a Mozart, grabado en 1958 y el segundo, dedicado a Arias de Coloratura y dirigido por un jovencísimo Colin Davis, en 1959. Es este último recital el que se ofrece en este post por su gran valor como testimonio de lo que fue y no pudo ser.

La soprano nos muestra lo que serán las claves de su carrera: una voz impersonal (incluso fea en algunos momentos) aunque manejada con una técnica que le permite asomarse a papeles de tesitura extrema. No obstante los agudos suenan casi siempre tensos, la coloratura es resuelta de forma admirable aunque un punto mecánica siendo lo mejor, sin duda, los momentos cantábiles. Su interpretación de las arias bellinianas, Ah! non credea mirarti (La Sonnambula) y Qui la voce sua soave (I Puritani), son modélicas en cuanto intención y expresión. 

De todo el disco destaca la interpretación del aria de Gilda (Rigoletto) Caro Nome en el punto justo de inocencia y malicia y con una coloratura más refinada que en el resto de los fragmentos, permitiéndose el lujo de ascender al sobreagudo en el trino final de la escena, proeza que emula a La Callas de México en 1952. De hecho, fue comparada con la soprano griega en los inicios de su carrera por la coincidencia de muchos de los roles asumidos por ambas sopranos, comparación que, una vez escuchadas, no tiene ningún sentido.

Colin Davis ya nos muestra en ese lejano 1959 el buen hacer, y acompaña a la soprano con ese sello que solo tienen los grandes maestros y al que nos ha tenido acostumbrados hasta su reciente fallecimiento este mismo año.

El contenido del disco fue reeditado en 1990 por EMI en una serie dedicada a grandes voces y completado con extractos del anteriormente mencionado recital dedicado a Mozart y el aria de Musetta de la integral de La Boheme grabada junto a la Callas. Posteriormente ha aparecido diseminado en multitud de recopilaciones de todo tipo.

Solo por este disco y el resto de grabaciones realizadas para la EMI habría merecido un puesto de honor en el firmamento de las estrellas de la Opera.


viernes, 19 de abril de 2013

JUNE ANDERSON - AIRS D´OPERAS FRANCAIS & ITALIENS


Disco 1. Airs d´Operas Français. 1990

1. Thomas. Hamlet. A vos jeux, mes amis
2. Thomas. Hamlet. Et maintenant, ecoutez ma chanson
3. Meyerbeer. Robert le Diable. Robert, Robert, toi que j´aime
4. Massenet. Manon.
Je marche sur tous les chemins
5. Massenet. Manon. Obeissons quand leur voix apelle
6. Gounod. Romero et Juliette. Dieu! Quel frisson court
7. Meyerbeer. Dinorah. Ombre legere
8. Bizet. Ivan IV. Il me sempre parfois que la vie est un sogne
9. Bizet. Ivan IV. Oh! Ciel! Quel changement
10. Spontini. La Vestale. Toi que j´implore
11. Verdi. Les Vespres Siciliennes. Merci Jeunes amis

Orchestre du Capitole de Tolouse
Michel Plasson

Disco 2. Bellini. Airs d´Operas. 1987

1. I Puritani. Son Vergin vezzosa
2. I Puritani. Ah! Rendetemi la speme... Qui la voce... Vien diletto
3. I Capuleti e i Montecchi. Eccomi in lieta vesta. Oh! quante volte
4. La Sonnambula. Oh! Se una volta sola... Ah! non credea mirarti... Ah! non giunge
5. Beatrice di Tenda. Oh! Mie fedele... Ma la sola... Ah! la pena

Orchestre Philharmonique de Monte-Carlo
Nicola Rescigno

Este doble álbum publicado bajo la distribuidora francesa de EMI reúne dos discos grabados la soprano  americana June Anderson en los años 1989 y 1990 coincidiendo con la época de su mayor esplendor vocal.

Nacida en Boston en 1952 realiza sus estudios musicales en Norteamérica. A la vista de sus éxitos nos resulta extraño saber que sus inicios fueron bastante lentos y, pese a recibir numerosas menciones, incluida una para jóvenes promesas del Metropolitan de Nueva York,  no fue reconocida hasta 1978 con su debut en la New York City Opera con el papel de la Reina de la Noche de La Flauta Mágica.

Después de unos años en los que desarrolla su carrera en los escenarios de Estados Unidos, no será hasta 1982, a raíz de su presentación en el rol titular de Semiramide de Rossini en Roma, cuando despega su carrera internacional que la llevó a cantar en los principales escenarios (Florencia, Venecia, Milán, Londres, Paris...).

Dotada de una voz de Soprano Ligera con una técnica de coloratura sorprendente pese a un ligero entubamiento del sonido, June Anderson se especializa en papeles Belcantistas, de Rossini, Bellini, Donizetti y Verdi alternando roles más ligeros (Sonnambula, Lucia di Lammermoor) con otros mas dramáticos (Norma, Traviata), y ha sabido mantener una coherencia que le ha permitido alargar su carrera hasta la actualidad.

Acusada por la crítica de frialdad expresiva, y comprada negativamente con Joan Sutherland  a la que le une no solo un repertorio y técnica similares, sino también un relativo parecido físico, ha sido el público el que ha valorado sus prestaciones vocales cimentado la base de su éxito internacional. De forma paralela ha llevado una carrera discográfica no muy abundante pero bastante significativa registrando algunos papeles de su cuerda menos transitados en los estudios de grabación. (Mose in Egitto, Mahometto II, La jolie fille de Perth, La Juive, La Muette de Portici, Hamlet)

Los dos recitales presentados nos muestran a June Anderson con una lujuria y un poderío vocal envidiable que le permite recorrer varios autores y estilos sin dejar ningún cabo suelto incluyendo una coloratura y unos sobreagudos proyectados con una facilidad pasmosa. Pese a ser cierta una cierta frialdad expresiva el disfrute de la escucha está garantizado. Es una lástima que el Bolero francés del último acto de Les Vespres Siciliennes de Verdi, ultima pista del disco dedicado a la ópera francesa, no sea coronado con el Mi sobreagudo que ha impuesto la tradición y que habría supuesto un broche de oro al recital.

Personalmente tuve la oportunidad de verla cantar en Madrid en el año 1985 en una Marie de La Fille du Regiment (Donizetti) junto a Alfredo Kraus como parte de una gira en la que ambos cantantes llevaron la obra por distintos escenarios mundiales y que fue coronada con una grabación de la EMI de una representación en vivo en la Opera de Paris en 1986 y puedo asegurar que su actuación escénica fue todo menos fría mientras que vocalmente nos regalo toda una colección de sobreagudos (la mayoria de ellos alternativos) con los que corono arias, duos y conjuntos rematando la función un un Mi sobregudo que mantuvo hasta la conclusión orquestal de la obra.

Totalmente recomendable

viernes, 12 de abril de 2013

EFEMERIDES 12 DE ABRIL - MONTSERRAT CABALLE



En 1933, 35 años después del nacimiento de la soprano de origen francés Lili Pons nace en Barcelona, un mismo día 12 de abril, la soprano española María de Montserrat Bibiana Concepción Caballe i Folch, destinada a convertirse en una de las sopranos más universalmente conocidas con una de las carreras más longevas que se recuerdan (Actualmente se encuentra inmersa en una larga gira de despedida de los escenarios).


Nacida en el seno de una familia humilde, recibe sus primeras lecciones de solfeo de manos de su madre. Financiada y apoyada por una adinerada familia burguesa catalana (los Bertrand) sigue estudios de canto con Napoleone Annovazi, Eugenia Kemeny (que le aporta su espectacular técnica respiratoria) y la famosa soprano catalana Conchita Badía que la introduce en el mundo de la canción de concierto española.

Tras unos inicios prometedores ligados a la escuela de canto del Liceo de Barcelona se traslada a Basilea en 1956 para completar sus estudios profesionales ingresando en la compañía del Teatro Municipal donde canta sus primeros papeles protagonistas (Tosca, Aida, Arabella y Salomé) interpretando roles infrecuentes para un soprano española. La temporada 1960/61 es contratada por la Opera de Bremen donde entra en contacto por primera vez con el mundo del Bel Canto.

Debuta en el Liceo el 7 de Enero de 1962 con el rol titular de Arabella (Richard Strauss) obteniendo una gran éxito de critica y público, pero su consagración internacional no llegará hasta la velada del 15 de abril de 1965, fecha en la que sustituye a Marilyn Horne en una representación de Lucrezia Borgia en el Carnegie Hall.

A día siguiente un titular americano le da el definitivo empuje a su carrera mediante una formula que, sin ser totalmente cierta produce el efecto deseado:                                                                            

Callas + Tebaldi = Caballe

Obviamente Montserrat Caballé no es ni Callas, por faltarle el empuje dramático de aquella, ni Tebaldi, ya que el terciopelo vocal de la catalana no tiene parecido al esmalte de la Tebadi. Caballé, pese a las comparaciones, merece su propio lugar en el mundo de la lírica como ha demostrado a lo largo de sus casi 60 años de carrera y no necesita rendir cuentas a ninguna ilustre compañera. A partir de este momento se conocerá internacionalmente a la catalana con el sobrenombre de "La Superba".

El éxito de la velada Neoyorkina tiene el resultado esperado y la soprano comienza una meteórica carrera internacional que, por suerte, ha tenido un equivalente fonográfico paralelo que le ha permitido la grabación de casi todos sus roles principales así como innumerables recitales tanto de arias de ópera como de canciones españolas y lieder.

Ese año de 1965 debuta en el Festival de Glyndebourne (Inglaterra) y en el Metropolitan de Nueva York emprendiendo una carrera de fondo que la lleva a pisar los mas destacados escenarios internacionales. En 1972 debuta en el Teatro alla Scala de Milán con uno de sus papeles fetiche, la Norma de Bellini, y en el Covent Garden de Londres con Violeta (La Traviata).

Gracias al éxito obtenido Caballé firma un contrato con la discográfica RCA para la que grabará, durante la década siguiente, algunos de los roles que en ese momento formaban parte de su repertorio habitual comenzando por una Lucrezia Borgia junto a Alfredo Kraus que testimonia el sorprendente estado vocal con el que había afrontado la sustitución de Marilyn Horne.

En el terreno personal Montserrat Caballé contrae matrimonio en 1965 con el tenor español Bernabé Martí con el que ya había coincidido en los escenarios y con el que seguirá cantando hasta el nacimiento de su hijos, momento en el cual Bernabé renuncia a su carrera en beneficio de la de Montserrat pasando a un mas que honroso segundo plano dedicado al cuidado de la familia y de los intereses de su mujer.

A partir de este momento son varios los hitos en su carrera destacando algunos de ellos por su importancia.

En 1974 se graba en vídeo una función de Norma en el Antiguo Teatro de Orange, un día antes de una delicada operación, sorprende a todos con una interpretación del aria principal de la protagonista de absoluta antología:


como si de un milagro se tratara, el habitual viento que caracteriza las veladas al aire libre de Orange se calma quedando una suave brisa que mece los vestidos de todos los protagonistas como si quisiera acompañar la eterna melodía belliniana sin molestarla produciendo un efecto mágico. Un vez terminada el aria, el viento se rebela y gira en torno a la soprano durante la interpretación de la cabaletta ofreciendo unos momentos de belleza sin igual que ya hubiera querido emular cualquier director de escena en un espacio cerrado. La voz de la soprano literalmente vuela  por el teatro con una fuerza y un virtuosismo que marca el zenit de su carrera. Cuentan las crónicas de la época que, más allá del acotamiento del teatro, una legión de admiradores se agolpaba en los alrededores del teatro por lo que el estruendo de la explosión de aplausos posterior al aria perduró durante varios minutos.



Los 70 son los años de su plenitud vocal, los años de sus grabaciones para la EMI, la mayoria de ellas junto al tenor español Plácido Domingo alternando con José Carreras, Alfredo Kraus y Bernabé Martí, destacando entre ellas varias óperas de Verdi, Puccini y Bellini así como algunos recitales que cubren el vacío de algunas óperas no grabadas íntegramente. A mediados de los 70 empieza también a grabar para Universal (Philips & Decca) de nuevo centrada en papeles habituales de su repertorio.

En 1980 se reencuentra con aquella que permitió el lanzamiento de su carrera ofreciendo otro de esos hitos de su carrera que pertenece por derecho propio a la historia de la Opera: las representaciones de Semiramide de Rossini en el Festival de Aix-en-Provence  junto a Marilyn Horne, Samuel Ramey y bajo la dirección de José Luis López Cobos.


Su carrera no obstante, ha estado plagada de altibajos, en ocasiones marcada por desaciertos en los roles asumidos y también condicionada por una salud delicada que le hacho visitar bastantes veces los quirófanos para operaciones complicadas que progresivamente han ido mermando sus facultades. 

En algunas ocasiones las comparaciones han jugado en su contra destacando su presentación en el rol titular de Anna Bolena en La Scala de Milán en 1982 en el que, un par de errores de colocación en los agudos, sirvió a los nostálgicos de Maria Callas para producir una sonora e injustificada protesta acallada por una parte del público.

Empeñada en sacar a la luz y descubrirnos joyas olvidadas de la lírica ha exhumado obras infrecuentes en el repertorio como Agnese di Hoenstaufen (Spontini), Les Danaides (Salieri), Ermione (Rossini), La Straniera (Bellini), Sancia di Castiglia (Donizetti), Parisina D´Este (Donizetti), Cleopatre (Massenet) y así, junto con las obras más tradicionales del repertorio, asume a lo largo de su carrera más de 90 roles distintos en los que pasea su soberanía por distintas épocas y repertorios desde el Barroco (Giulio Cesare) hasta el Verismo y Wagner (Tristan e Isolda) incidiendo especialmente en todo el repertorio italiano Belcantista. Algunas de sus interpretaciones han sido registradas en vídeo lo que nos permite ser testigos de excepción de su arte.

Retirada de la escena operística desde hace muy pocos años, su versatilidad y sentido del humor la llevaron a protagonizar en 2007 una de sus mas hilarantes encarnaciones al interpretar a la Duchesse de Crakentorp en unas funciones de La Fille du Regiment en la Opera de Viena en las que se atreve incluso a intercalar una pequeña canción popular en el último acto.


Ha sido distinguida con multitud de premios (Premio Nacional de Música, Medalla de Oro del Liceo, Doctora Honoris Causa de las Universidades Menendez y Pelayo y la de Barcelona) así como innumerables homenajes y condecoraciones.

Resulta imposible encontrar alguna grabación inédita pero es posible aun proponer alguna infrecuente como es el caso de la que hoy traigo para celebrar su 80 cumpleaños. Se trata de un doble album que contiene dos recitales acompañada por el ilustre pianista español Miguel Zanetti. En el primero desgrana una serie de arias y melodías olvidadas de compositores italianos barrocos grabado en 1978 y en el segundo, grabado en 1981 nos ofrece una infrecuente selección de canciones de concierto de Bellini, Donizetti y Verdi.

Felicidades Montserrat y a todos los que durante décadas hemos disfrutado de su arte y a las generaciones venideras que seguirán celebrando una y otra vez los éxitos de una cantante que ya ha inscrito con letras de oro su nombre en los libros de la Historia.

Por muchos años



jueves, 11 de abril de 2013

ANTONIETA STELLA - ITALIAN OPERA ARIAS


Antonieta Stella
Bruno Bartoletti
Corro y Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino
Tullio Serafin (5) - Gianandrea Gavazzeni (4) - Gabriele Santini (6)
Orquesta del Teatro alla Scala de Milano

01 Bellini - Norma - Casta Diva
02 Verdi - Aida - Qui Radames verrá
03 Verdi - Aroldo - Oh! Cielo. Dove son io
04 Verdi - Un Ballo in Maschera - Ecco l´orrido campo
05 - Verdi - Il Trovatore - Tacea la notte
06 Verdi - Don Carlos - Tu che la vanitá
07 Giordano - Andrea Chenier - La mamma morta
08 Mascagni - Cavalleria Rusticana - Voi lo sapete, o mama
09 Ponchielli - La Gioconda - Suicidio!
10 Cilea - Adriana Lecouvreur - Poveri Fiori
11 Puccini - Turandot - In questa reggia

Publicado en un album ya descatalogado con 15 discos dedicados a otros tantos cantantes por el sello amarillo (15 Great Singers), el disco contiene uno de los últimos recitales grabados por la soprano italiana acompañada por el siempre competente Bruno Bartoletti al que se añaden 3 arias sacadas de integrales grabadas por la soprano en la década de los 60.

Lo primero que nos llama la atención es la interpretación de algunas arias que se encuentran totalmente fuera del repertorio tradicional de una soprano caracterizada por poseer una voz pura de lírico spinto, así Norma, Turandot, Gioconda y Cavallería se nos antojan en las antípodas estilisticas de la artista. Sin embargo, una vez escuchadas sus interpretaciones descubrimos a una gran artista capaz de aventurarse a tesituras extremas sin cambios de color ni exageraciones canoras.

Al contrario que su compatriota Renata Tebaldi, y pese a ciertos adornos expresivos ajenos al canto, no se lanza a estentóreos gemidos tan habituales en las interpretaciones de la soprano de Pésaro. Por el color y la entonación general de las interpretaciones algunos recordarán inmediatamente a la Tebadi, sin embargo, le falta algo del esmalte dorado de aquella lo que impidió que su carrera profesional fuera más brillante.

Nacida en Perugia en 1929 y con una carrera destacada en las decadas de los años 50 y 60, cohabitar en el tiempo con dos monstruos sagrados de la escena operística italiana como eran María Callas y Renata Tebaldi arriconó su trayectoria a un mero puesto de secundaria en los cartellones lo que no le impidió hacer una digna carrera tanto en Italia como diversos escenarios internacionales en los que fue especialmente querida por su sensible interpretación de Madama Butterfly.

Su grabación completa de La Traviata en 1955 junto a Di Stéfano y Gobbi bajo la dirección de Serafín (EMI) fue un castigo de la multinacional inglesa a los devaneos artísticos y personales de María Callas y supuso su arrinconamiento por parte de la legión de seguidores de la cantante griega. Por otro lado, las similitudes de color con la voz de Renata Tebaldi tampoco ayudaron nada a su carrera y su figura se convirtió en un arma arrojadiza para ambas aficiones.


Alejada de los escenarios desde principios de los años 70 ha permanecido dedicada al mundo de la enseñanza en Roma, su ciudad de residencia actual.

Para descubrir

lunes, 8 de abril de 2013

CHERYL STUDER - COLORATURA ARIAS


Soprano americana nacida en 1955 en Michigan con una carrera excepcionalmente corta (entre 1985 y 2005) malograda por el exceso de papeles de peso dramático acometidos en poco tiempo y con muy poca distancia entre ellos. No obstante ha participado en algunos de los mayores hitos discográficos de finales del siglo XX destacando su recreación de personajes como Salome de Richard Strauss (dirigida por Sinópoli) y Margarita en el Faust de Gounod (dirigido por Michel Plasson), así como en algunas funciones fundamentales en la historia de la Opera durante los años centrales de su carrera, destacando sobre ellas su papel de Elena en I Vespri Siciliani bajo la dirección de Muti en la Scala de Milán en 1990 así como los papeles wagenerianos asumidos en el Festival de Bayreuth. 

Resulta impresionante la lista de sus padrinos musicales: Leonard Bernstein, Hans Hotter, Brigitte Fassbaender, Irmgard Seefried, Wolfgang Sawallisch algunos de ellos maestros y mentores de su carrera. Iniciados sus estudios musicales en Estados Unidos (Tanglewood), es en el ámbito germánico donde completa su formación (Viena, Munich, Baviera) habiendo sido miembro estable de la Opera Estatal de Baviera y la Deutsche Oper Berlin.

Dotada con una voz lírica con tintes dramáticos y una gran capacidad para la coloratura, lo primero que destaca al ver la lista de los papeles asumidos es su enorme versatilidad y la gran cantidad de estilos musicales trabajados. Desde papeles tan exigentes vocalmente como los mozartianos de La Reina de la Noche (Die Zauberflote), Constanze (Die Entfuhrung aus dem Serail), Elettra (Idomeneo) hasta la Emperatriz de la Mujer sin Sombra de Strauss pasando por las agilidades de su personalísima lectura de Lucia de Lammermoor (Donizetti), papeles totalmente dispares de la obra de Verdi (Atilla, Rigoletto, La Traviata, I Vespri Siciliani) y las heroinas wagenrianas de la primera etapa (Elisabeth del Tannhauser, Elsa de Lohengrin y Senta de El Holandes Errante).

Como definir una voz de estas dimensiones? Por los papeles asumidos podemos pensar que estamos ente una Soprano Dramática de Agilidad, sin embargo, tras una escucha detallada, vemos que nunca pierde el color de la voz propio de una Soprano Lírica que caracteriza todas sus actuaciones, ni siquiera en los papeles de más peso dramático, lo que confiere una nueva dimensión a sus trabajos en Salome (Strauss) y Sieglinde (Wagner).

Habiendo sido educada en la escuela germana de canto nunca descuidó el trabajo en el campo del Lied y la canción de concierto destacando sus interpretaciones de Schubert, Brahms y Strauss y, en lógica sintonía con su origen, frecuentó algunos importantes papeles de repertorio americano, sin olvidar también algunas magnificas aportaciones al repertorio francés.

Versatilidad y eclecticismo que pasaron pronto factura a la voz que se vio afeada por un ostensible vibrato y un descontrol en la afinación que, prácticamente, la borraron del panorama lírico internacional. Actualmente dedicada a la enseñanza aun realiza apariciones esporádicas en recitales de lieder.

El disco reseñado, de difícil localización actualmente, y grabado a principios de los años 90 con el  acompañamiento de Gabrielle Ferro, nos presenta una muestra de su versatilidad en el repertorio italiano en el que, salvo algún desliz imperdonable (agudo final de la cavatina de Rossina de Il Barbiere di Siviglia totalmente descolocado), se nos muestra como dominadora absoluta de la técnica del Bel Canto.

sábado, 6 de abril de 2013

SYLVIA SASS - THE DECCA RECITALS


De nuevo y casi sin proponérmelo, una grabación difícil de encontrar. Parece que al final voy a dedicar el Blog a rarezas discográficas, lo cual, por otro lado, quizá sea lo mejor porque suele ser lo complicado de encontrar lo que todos buscamos.
El doble álbum publicado por el sello Eloquence en Australia dedicado a unir todos los recitales grabados por la soprano Sylvia Sass para el sello Decca no ha sido comercializado fuera del circuito australiano y solo puede accederse a el a través de compra por internet. Solo una pequeña parte fue publicado en Europa por Decca en su serie Classic Recitals.
De igual forma resulta bastante complicado acceder al resto de recitales grabados por la soprano para el sello Hungarotón y las pocas grabaciones publicadas en Decca (Don Giovanni y Bluebeard´s Castle, ambas dirigidas como su compatriota Georg Solti) y Philips (Stifelio y Ernani, de la serie dedicada al joven Verdi dirigida en los años 70 por Lamberto Gardelli) no tienen una distribución muy estable.
Por lo tanto, la presencia de discos de esta soprano en las tiendas suele resultar bastante complicada y eso pese a su gran carrera internacional y la importancia de poseer una voz bastante inhabitual, soprano dramática con coloratura, y el haber sido definida algunas veces como "sucesora de la Callas".
Nacida en Budapest (Hungría) en 1951, hija de una familia de tradición musical (su madre era cantante lírico ligera y su padre maestro de música), realiza sus estudios musicales en la Franz Liszt Academy de Budapest debutando en 1971 en el papel de Franquita (Carmen) en 1971.
Tras ganar una serie de premios internacionales comienza su carrera en Hungría orientada a la interpretación de papeles dramáticos húngaros e italianos entre los que destaca la Giselda de I Lombardi (incluida en este recital de arias) que supone su debut en el Covent Garden de Londres en 1976. A partir de este año es frecuente su presencia en escenarios internacionales como La Scala, la Opera Garnier de Paris, Viena, Hamburgo, Baviera, e incluso el Bolshoi de Moscú.
Anuncia su retirada de los escenarios a finales de los años 80 en los que ya era perceptible un grave deterioro de su voz y solo regresa puntualmente en dos ocasiones durante la década de los 90 manteniéndose en activo en el campo del recital hasta fechas muy recientes.
Su voz, ligeramente entubada y oscura, no es del gusto de todo el publico y la crítica, pero gracias a una buena técnica que le permitía ascender al agudo sin problemas, así como todo un juego de medias voces, filados  y veladuras la convierten en idónea para la interpretación de grandes papeles dramáticos que requieren el uso puntual de coloratura (Norma, Medea, Giselda, Lady Macbeth, Traviata...).
El doble álbum que nos ocupa nos muestra una amplia representación de su arte en muchos de los papeles comentados y seguramente dejará a mas de uno con la boca abierta. Mención especial merecen sus interpretaciones de Giselda (terminando el aria Oh! Madre dal cielo, con una impresionante subida al agudo en pianisimo), de Lady Macbeth (en una quizá sobre actuada versión de la escena de sonambulismo que resulta difícil de olvidar) y Norma (en una pausada e introspectiva versión del Casta Diva).
Los dos recitales operísiticos que abren el álbum fueron grabados en la década de sus triunfos internaciones, concretamente en los años 1977 y 1978, dirigidos ambos por uno de sus mejores valedores, Lamberto Gardelli.
La parte final está dedicada al mundo de la canción de concierto y a dos compositores compatriotas, Liszt y Bartok, acompañada por el pianista Andras Schiff (destacando sin duda su interpretación de Die Loreley) y fue grabada en 1979.
Para descubrir y disfrutar.

miércoles, 3 de abril de 2013

CRISTINA DEUTEKOM - LEGENDARY VOICES



De nuevo una rareza discográfica y de nuevo una soprano Holandesa. En este caso hablamos de Cristina Deutekom, nacida en 1931 y con una carrera relativamente corta que va desde su presentación como la Reina de la Noche (Die Zauberflote)  en 1963 hasta su retirada de los escenarios en 1987 a raiz de un ataque al corazón. Entre 1987 y 2004 continuó en activo dedicada a la docencia hasta que un nuevo ataque el corazón la retiró de la vida publica.

Su voz ha sido clasificada como de Soprano Dramática de Coloratura, un tipo de voz inusual que abarca desde los graves emitidos por una soprano dramatica hasta las agilidades propias de una soprano ligera y que se ha denominado algunas veces como "Soprano Sfogato". Algunos críticos prefieren describirla como una Lírico Spinto con una gran capacidad de coloratura.

Precisamente es en la coloratura donde reside su principal don y a la vez su principal defecto ya que es emitida con "golpes de glotis" que producen una sensación de cacareo pero que, por otro lado, permiten al oyente disfrutar clara y separadamente de todas las notas cantadas.

Al contrario que otras Sopranos Sfogato (María Callas, Rosa Ponselle) posee una voz limpida y metálica con un brillo especial en el agudo, seguridad en el ataque y un legato insuperable pero, al contrario de ellas, su interpretación es siempre más pobre y plana.

Una vista rapida a los principales roles asumidos en escena por la soprano nos puede hacer idea de sus facultades vocales: Don Giovanni (Donna Anna), Cosi fan tutte (Fiordiligi), La clemenza di Tito (Vitellia), Armida, Norma, I Puritani (Elvira), Lucia di Lammermoor, Medea, Nabucco (Abigaille), Macbeth (Lady), Rigoletto (Gilda), Il Trovatore (Leonora), I Vespri Siciliani (Elena), Turandot así como los ya mencionados en Attila (Odabella), I Lombardi (Giselda) y Die Zauberflote (Reina de la Noche)

El disco que nos ocupa fue grabado en los años 1969 y 1970, y publicado en dos Lp separados en 1970 siendo sus primeras grabaciones comerciales. Posteriormente una edición Philips, desgraciadamente ya desaparecida, los une permitiendonos disfrutar del arte de la soprano en sus más destacados papeles operisticos. Desde el lirismo belcantista de Giulietta y Aminna, las pirotecnias vocales de Linda de Chamounix y la Elvira de I Puritani a los más pesados roles verdianos (Ernani, I Trovatore, I Lombardi, La Battaglia di Legnano coronando con el Mi sobreagudo que remata el Bolero del último acto de I Vespri verdiano.

Carlo Franci dirige con profesionalidad y sin grandes alardes a la Orquesta de la RAI y a la Montecarlo Opera Orchestra y chorus.

Un año más tarde grabaría la que para casi toda la crítica es su más insuperable recreación discográfica, la Reina de la Noche de La Flauta Mágica grabada bajo la batuta de Solti.



El resto de sus escasas grabaciones son actualmente inencontrables, a excepción de I Lombardi y Attila de la serie Verdi grabada en los años 70 bajo la dirección de Lamberto Gardelli y la consabida Zauberflote de Solti.